Maximiliano Basilio Cladakis
En los momentos históricos que atravesamos se vuelve imprescindible abandonar los eufemismos. Y abandonar los eufemismos significa, ante todo, dejar de hablar en los términos del liberalismo, incluso cuando esos términos se presentan como neutrales o “técnicos”.
Una parte central de toda lucha política es la disputa por el sentido del lenguaje. Nombrar no es describir: es tomar partido. Por eso no hay una “crisis” en Venezuela. Lo que hay es una agresión imperialista sostenida por parte de los Estados Unidos, con la complicidad activa de gobiernos y aparatos mediáticos subordinados.
Retomar un lenguaje propio no es un gesto retórico: es una necesidad política. Aceptar las categorías del discurso hegemónico —incluso cuando circulan dentro de nuestro propio campo— es comenzar la derrota en el plano simbólico. No se trata de “hechos controvertidos” ni de “conflictos institucionales”, sino de acciones deliberadas de desestabilización contra un país soberano.
El repudio al secuestro del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela no es una declaración más. Es la denuncia de un acto criminal perpetrado por un gobierno criminal, cuya política exterior constituye una amenaza directa para toda América Latina.
Así como, mediante una guerra cognitiva sistemática, lograron imponer en Argentina a Milei como presidente, el viernes secuestraron a Nicolás Maduro, y hoy avanzan en la amenaza y el disciplinamiento de Colombia, México y Cuba. No se trata de episodios aislados, sino de una estrategia regional de dominación, que combina coerción, manipulación informativa y destrucción del sentido común popular.
Frente a esto, no hay neutralidad posible. Nombrar correctamente es ya una forma de resistencia
