martes, 30 de junio de 2026

Juegos

 Maximiliano Basilio Cladakis 


Su reino era ese barrio. Allí había pasado gran parte de su vida y allí también había muerto. Había justicia en sus juegos. Nunca hacía nada verdaderamente grave. Una aparición en el vestíbulo de un edificio, algunas risas en un hotel para turistas, mover copas, romper alguna botella de champán. Aun muerto, seguía siendo buena persona. La vez que más se había extralimitado fue en Ricco Boccato. Sin embargo, no se arrepentía.

Había pasado más de treinta años en esa cocina. Más de diez horas por día, a las que se sumaban dos de viaje de ida y dos de vuelta, desde La Matanza hasta ese barrio de nuevos ricos de la Capital Federal. Nunca había sentido envidia de clase. El trabajo dignificaba. Eso le había enseñado su padre, quien también había muerto trabajando. Cayó de un andamio y se fracturó el cráneo. A veces pensaba que el destino existía. Él no murió por un accidente. Aunque, si se habla de un ACV, quizás esa afirmación no sea del todo cierta.

Cuando vio su cuerpo tendido sobre el piso de la cocina sintió extrañeza, como si contemplara a otra persona. Sus compañeros corrieron hacia él e intentaron reanimarlo inútilmente. Entonces entró el gerente y les ordenó que siguieran trabajando. Era sábado por la noche y una delegación de Os.Tech.Com cenaba en el salón. Los comensales bebían, comían y discutían las oportunidades de inversión en Argentina. La ambulancia tardó. Sus compañeros continuaban sirviendo los platos con una sonrisa, anhelando una buena propina. El gerente hacía cuentas. Su cuerpo, mientras tanto, se enfriaba.

Sin embargo  no fue eso lo que despertó su furia, sino lo que ocurrió después. A su mujer le pagaron una indemnización paupérrima. Incluso, amenazaron con no darle nada. La mayoría de sus aportes habían sido en negro. El enojo que nunca había sentido en vida lo encontró en la muerte. Durante semanas acosó al restaurante. Apariciones. Gritos en los pasillos. Platos gourmet que se incendiaban sin explicación. Copas que estallaban. Una noche, con el salón repleto, hizo volar mesas y sillas por el aire. Rico Boccato terminó cerrando.

Después comenzó a vagar por ese barrio tan ajeno y tan íntimo al mismo tiempo. Nunca jugó con trabajadores ni con empleadas domésticas. Al contrario. Una vez incluso evitó que una de ellas fuera violada por su patrón. Su propia mujer, ahora viuda, también había sido empleada doméstica. Aquella fue la primera vez que deseó asesinar a alguien. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para contenerse.

No sabía si podía abandonar ese barrio. Nunca intentó hacerlo, ni pensaba hacerlo. Tampoco se le ocurrió regresar a La Matanza. Sentía que ese ya no era su lugar, que no tenía nada que hacer ahora. solo le restaba continuar jugando, y ese barrio le resultaba perfecto.

martes, 23 de junio de 2026

Cristina libre

Maximiliano Basilio Cladakis 

La consigna “Cristina libre” debe convertirse en el eje unificador del campo nacional-popular. Su proscripción no es solo una embestida contra nuestro movimiento político, sino también contra la propia democracia.

Con su condena, el lawfare —la guerra jurídica— inauguró una etapa aún más sombría para la Argentina. La articulación entre sectores de la derecha política, del Poder Judicial, de los grandes medios de comunicación y del capital concentrado, nacional y transnacional, configura una estrategia orientada a consolidar un poder sin límites, eliminando o intentando eliminar toda forma de resistencia y oposición. Se busca clausurar la política y vaciar de contenido a la democracia.

Las elecciones son admitidas, pero solo bajo una condición: que quienes tengan posibilidades reales de triunfar sean los representantes de los intereses dominantes. En este esquema, Javier Milei es descartable, y conviene tenerlo claro. Lo que no es descartable son sus políticas ni el proyecto de país que expresa. Mauricio Macri, Patricia Bullrich, junto a otras incontables figuras, pueden ocupar su lugar, siempre y cuando garanticen la continuidad del mismo programa de dominación política, económica y cultural.

No es casual que una de las referencias intelectuales más importantes de la nueva derecha global, Peter Thiel —quien se halla desde hace tiempo en nuestro país—, haya sostenido que la libertad es incompatible con la democracia. Cuando habla de libertad, obviamente, no se refiere a la emancipación de los pueblos ni a la ampliación de derechos, sino a la libertad irrestricta del capital para ejercer su poder omnívoro. Lo que durante años pudo parecer una provocación teórica hoy se manifiesta como una práctica política concreta. La democracia es tolerada mientras no cuestione los privilegios de las élites económicas. Cuando amenaza con hacerlo, se restringe, se vacía o se transforma en una mera formalidad institucional. Los líderes populares pueden ser perseguidos, encarcelados o asesinados. Cristina lo advirtió hace años: “Me quieren presa o muerta”.

La proscripción de Cristina debe leerse en este contexto. No se trata únicamente de excluir a una dirigente política. Se trata de disciplinar a cualquier fuerza capaz de representar intereses populares y disputar el rumbo del país. Desde esta perspectiva, no colocar la liberación de Cristina en el centro de la acción política constituye una claudicación frente a la historia misma del peronismo. El movimiento nacional nació enfrentando la persecución y la proscripción. Su identidad se forjó en la resistencia al intento de expulsar de la vida política a quienes expresaban las aspiraciones del pueblo.

Aceptar hoy la proscripción de Cristina, o relegar su situación a una cuestión secundaria, equivale a admitir que los poderes fácticos pueden decidir quiénes tienen derecho a competir por el gobierno y quiénes deben quedar excluidos de antemano. Esto constituye lo opuesto a nuestra tradición política. Significa la renuncia a la razón de ser histórica del peronismo y el riesgo de su conversión en un agente más del orden que nació para combatir.

La libertad de Cristina, el futuro del peronismo y la vigencia de la democracia aparecen hoy como cuestiones inseparables. No hay peronismo sin Cristina porque lo que se busca proscribir no es únicamente a una dirigente, sino a la tradición política que ella encarna y a la posibilidad misma de que el pueblo vuelva a convertirse en sujeto de la historia.



martes, 9 de junio de 2026

El tesoro

Maximiliano Basilio Cladakis 


I

Cuando la vio entre los pastizales del baldío, no sintió nada especial. Apenas le llamó la atención. La bolita de vidrio se diferenciaba de las otras por su negrura. No tenía esos papeles de colores que causaban fascinación a los niños. Sin embargo, si se la miraba muy detenidamente, cada tanto podían notarse unos destellos que fluctuaban del rojo al amarillo. No era más que eso.

- ¿Encontraste algo, Franco?- le pregunto Paolo, su compañero de aventuras.

Los dos niños tenían ocho años. Por esas casualidades que algunos llaman destino, ambos eran hijos únicos. Se conocían desde siempre; sus padres habían viajado desde Italia en el mismo barco. Escapaban de la pobreza, de esa que asolaba a Europa en el periodo de entreguerras. El hermano menor del padre de Franco era un muchacho enfermizo, no había sobrevivido al viaje. Le pusieron su nombre debido a él.

-Mirá- le dijo a su amigo enseñándole la bolita.

Paolo se la arrancó de la mano. Era lo que solía hacer. Algo normal que se da en la pareja de amigos, siempre hay uno que se impone sobre el otro. Franco asumía ese rol, no lo discutía. Su amigo tomaba las decisiones, a qué jugar, hacía donde ir, de qué vecino burlarse. Lo que le molestaba era cuando él se volvía el objeto de burla o de acoso. Una vez, hacía unas semanas atrás (que a esa edad aparecen representados como años), le había bajado los pantalones, frente Carmen, la niña que sabía le gustaba a su amigo. Franco, por primera vez, sintió odio, además de temor y admiración, por Paolo.

 - No es nada especial…Pero igual me la quedo.

Paolo se dio la vuelta, dejando a Franco con una gran sensación de frustración. El desprecio hacia lo que había encontrado se sumaba al hecho de que se lo llevara.

- Pero lo encontré yo…

- Vamos a lo del viejo Hermetes a sacarle las mandarinas que tiene en el jardín..

- La bolita es mía…

Paolo lanzó una leve sonrisa. Caminó para salir del baldío. Hablaba de lo que harían más tarde. Pero Franco seguía insistiendo con que le devolviera la bolita.

- Dámela- le dijo mientras lo tomó del hombro izquierdo.

Sintió que en ese momento, la bolita era el objeto más precioso del mundo.

- ¿Qué hacés pelotudo?- le dijo Paolo

Los dos chicos comenzaron a pelear. Era la primera vez que Franco respondía. Paolo era más alto y más pesado. Le dio un golpe en la cabeza, lo zamarreó, Franco le esquivó  un ataque. Una típica pelea de niños. Pero hubo algo distinto…el desenlace.

Paolo tropezó y cayó boca arriba. Su cabeza se dio contra una piedra. Franco se quedó inmóvil algunos segundos. Miró el cuerpo de su amigo tendido entre los pastos. Luego abrió lentamente la mano. La bolita seguía allí.

 

II

No sería adecuado decir que la muerte de su amigo lo marcó. Sí lo hizo el deseo por ese, en apariencia, insignificante objeto. Lo guardo, como si se tratase de una reliquia. Lo escondía de sus padres. A diario, en soledad, lo sacaba del escondite y lo miraba. Podía estar casi media hora haciéndolo. El amigo de su padre quedó destrozado por la pérdida de su hijo. Después de eso, su tendencia al alcohol  se profundizó. Todos sabían que golpeaba a su mujer desde siempre. Pero luego de la muerte de Paolo empeoró. La mujer fue encontrada muerta una mañana. Tenía la cara destrozada. El hombre nunca más volvió a ser visto

Franco no se volvió un psicópata. Un asesinato en la niñez (voluntario o involuntario) no convierte automáticamente a los hombres en asesinos seriales. Esos son recursos baratos para series o películas de plataformas.  En algún punto aprendió a pelear por lo suyo. Fue creciendo como una persona extrovertida, inteligente, se volvió un niño mucho más sociable en la escuela. A los pocos meses comenzó a notar que Carmen lo miraba con una sonrisa que intuía  se trataba de cierta correspondencia con lo que él sentía.

. Su padre prosperó en su taller de elásticos para camiones. Incluso, con el paso del tiempo, compró un camión, luego dos, y así hasta tener una pequeña flotilla. Eso le permitió enviar a su hijo menor a la secundaria. Incluso, había logrado enviarlo a la Facultad de Derecho.

 

III

Sin embargo, cuando estaba cursando el segundo año de la Carrera, el jefe de familia falleció de un infarto. Como toda muerte, fue inesperada y cambio drásticamente, la vida de su familia. El funeral apenas había culminado y el duelo ni quiera había comenzado cuando tuvieron que comenzar a tomarse decisiones. Hacía ya dos años que estaba de novio con Carmen. Incluso, estaban planeando su boda.  El mundo se detuvo. La boda se pospuso, dejó los estudios y tomó la decisión, la única que le quedaba, la de hacerse cargo de la empresa de transporte.

IV

Como era de esperarse, hubo un tiempo de incertidumbre, de angustia. Fue un tiempo largo, Franco ponía su empeño en que el negocio familiar prosperara. Pero era complejo, había mucha competencia. Finalmente se casó con Carmen y a los tres meses ya estaba embarazada. Tenía solo veintitrés años y demasiadas responsabilidades. Un madre viuda, una mujer y, en unos meses, un hijo. Además de la flota de camiones.  En esa época, solía discutir mucho con su mujer.

Una noche, mientras revisaba unas facturas en la cocina, Carmen encontró la bolita dentro de una lata de galletitas escondida detrás de unos platos.

— ¿Qué es esto?

Franco levantó la vista de inmediato.

—Nada. Dejala ahí.

Ella la sostuvo entre los dedos. La observó a contraluz.

— ¿Todavía guardás esta porquería?

Franco sintió un calor seco subirle desde el pecho hasta la garganta.

—Te dije que la dejes.

Carmen soltó una risa cansada.

—Pareciera que vale oro.

Entonces ocurrió algo extraño. Franco se puso de pie tan rápido que la silla cayó hacia atrás. Le tomó la muñeca con fuerza. Carmen dejó de sonreír. Los dos permanecieron inmóviles unos segundos.

—No la toques nunca más —dijo él.

La soltó enseguida. Carmen retrocedió lentamente. Se acarició la muñeca. No parecía asustada, parecía  haber descubierto algo. Asintió con la cabeza y se marcho a la habitación.

 

V

Los años pasaron rápido. De a poco, la vida de Franco fue estabilizándose. Aprendió a moverse en el mundo de los negocios, a lidiar con la competencia y con los sindicatos, también a hacer contactos. La empresa familiar comenzó a crecer. Tuvo tres hijos. Al último le puso Paolo. Su madre murió antes de conocer al más pequeño de sus nietos.

Las incertidumbres del pasado parecían ser tan solo un recuerdo. Sin embargo, fue en los años setenta cuando Franco conoció realmente el éxito. El país cambió y Franco intuía que se trataba de aprovechar ese cambio. Se le abría un mundo de posibilidades, de él dependía tener el coraje y la astucia para golpear la suerte a su favor.

Una tarde, un coronel al que había conocido en una cena le consiguió un contrato importante para transportar mercadería al norte.

—El país necesita hombres serios —le dijo estrechándole la mano.

Franco era un hombre serio. Siempre lo había sido. Había cosas que le jugaban a favor. Nunca se había involucrado en política; no creía en las causas colectivas y guardaba cierto rencor hacía los universitarios. Por el contrario, creía en el trabajo, en el esfuerzo, en que cada hombre valía lo que sus acciones lo hacían ser. Era perfecto para ese momento histórico.

Su flotilla de camiones creció exponencialmente. No le interesaba qué llevaban ni a donde lo hacían. Como dijimos, era un hombre serio, de negocios. Lo que daba le era devuelto con creces.

Una noche un sargento del Ejército fue a verlo y le pidió un favor de parte del coronel. Estaban indagando sobre los vínculos de ciertos trabajadores de la zona con la subversión. El suboficial le preguntó si podía investigar a los empleados de su empresa. Franco le dijo:

- Por supuesto, siempre que pueda voy a ayudar a la Patria.

Sin embargo, cuando el militar se marchó sintió un nudo en el pecho. Como si algo no estuviese del todo bien. Su hijo Paolo corrió hacia él y comenzó a hablarle de un mono a pilas que había visto en la juguetería de la vuelta de su casa.

Franco lo miró. El rostro de su hijo, por un segundo, se transfiguró en el del otro Paolo. No respondió. Corrió a buscar la bolita. La miró durante quince minutos.

Al día siguiente habló con alguno de sus empleados de mayor confianza. A las dos semanas descubrieron que un chofer y alguien de administración tenían participación en grupos políticos de izquierda.

Franco llamó al coronel.

Unos días después sus dos empleados habían desaparecido.

 

VI

Franco se convirtió en uno de los empresarios de transporte más importantes del país. Su fortuna creció hasta convertirse en un secreto real. Una cosa son las cifras declaradas y otras las reales. Nadie conocía estas últimas. No sólo se dedicó al transporte, diversifico sus negocios. Fondos de inversión, acciones en los negocios agropecuarios, medios de comunicación. Se volvió un hombre verdaderamente importante. Fiel a su convicción en contra de la política, nunca se involucró directamente en esta pero sí extendió su influencia. Apoyaba y financiaba a unos, les daba directivas (junto a otros empresarios), hacía declaraciones altisonantes cuando algún funcionario planeaba alguna política que atentase contra sus intereses.

Era un hombre respetado por la sociedad. Era reconocido por su filantropía, hacía donaciones tanto para el Rotary Club como para el Club de Leones, siempre colocándose por fuera de las rivalidades. Había gente ligada  a él en las comisiones directivas de Boca Juniors y de River Plate. Con todo, no solía exponerse. Había sido invitado algunas veces a los Almuerzos de la diva. Si bien asistió, se cuidaba de no desatar polémicas ni de abandonar su bajo perfil.

Franco se encargaba conscientemente de no cambiar, conocía la sentencia acerca de que “el éxito cambia a las personas”. Pero su convicción más profunda radicaba en  que las personas debían ser dueñas de su éxito y no al revés. No perdería nada, no se perdería a sí mismo. A diferencia de otros empresarios, nunca fue seducido por el desborde, ni drogas, ni mujeres, ni excesos. Era una especie de asceta. Solo una vez tuvo un romance con una conocida vedette durante los años noventa. Las cosas casi se salen de control. La pasión  había arrebatado a los dos amantes. Ella, incluso, había comenzado a amenazarlo que, si no dejaba a Carmen, contaría todo a los medios. Fue una época de confusión. Sin embargo, un miércoles a la noche volvió al tesoro que había encontrada décadas atrás. Lo sostuvo entre sus dedos, contemplaba el cambio de colores y, finalmente, tomó una decisión.

La vedette apareció muerta por sobredosis. Hubo algunas investigaciones pero ninguna la vinculó jamás con Franco.

 

VII

A grandes rasgos el matrimonio tuvo una vida feliz. Más allá de momentos de dudas y de incertidumbre, estuvieron  más de sesenta años juntos. Carmen fue la primera que enfermó. No fue, por fortuna, una agonía pronunciada, no llegó a los seis meses. Murió una mañana de junio, cerca del aniversario. Franco quedó devastado, pero también mantuvo su dignidad. Tenía cosas por las que vivir. Sus negocios, sus hijos, sus nietos, el recuerdo de la mujer de su vida.

No volvió a formar pareja, salvo algunos romances muy ocasionales. Vivió ocho años más que su esposa.

 Cuando enfermó no tuvo miedo, había tenido la vida por la que había actuado. Siempre supo que era un hombre al fin y al cabo. Y no un dios. Antes de morir, movió la mano bajo su almohada y tomó la bolita. Los recuerdos de un pasado remoto se mezclaban con escenas que su imaginación creaba libremente. Había sentimientos encontrados: orgullo, amor, convicción y, quizá, algo de culpa. Franco sabía que fue una vida que había sido vivida, ni más ni menos que eso. Una vida, su vida, sus elecciones, sus proyectos, su libertad.



viernes, 5 de junio de 2026

Homenaje al Indio

 06 05 2026

 

       Empiezo por el final. No hay nada más claro que una fecha y un lugar. ¿Cómo vamos a escribir algo así como que se murió el Indio?

     Sé que no puedo cumplir con la promesa de una escritura compleja, cuidada y prolija. Mis intereses son otros: poder expresarme de manera lúdica y racional a la vez. Pero, sobre todo, solo quiero seguir oyendo al Indio cantar.

     Ese ángel sonso y sin nada de experiencia, el que te condenó al paraíso, no sabía que aquí te cuidan miles, en el pogo más grande del universo.

     Como vos decís, en la resistencia está el valor de la vida. Y resististe. Y resistimos. Las marchas y los pañuelos blancos se mezclan con las banderas negras y rojas.

     Ahora y siempre, Indio: a seguir cantando.

lunes, 25 de mayo de 2026

Libertad inmediata para los integrantes del convoy humanitario Global Sumud

 En el Día de la Patria, tenemos el deber de denunciar que integrantes del convoy humanitario internacional Global Sumud, que se dirigía hacia Gaza con ayuda solidaria para el pueblo palestino, fueron detenidos ayer, 24 de mayo de 2026, en Libia del Este. Entre las personas retenidas se encuentran los ciudadanos argentinos Lucas Aguilera y Paula Giménez.

Exigimos al Gobierno Nacional que interceda de manera inmediata para garantizar su liberación, el respeto irrestricto de todos sus derechos y la continuidad de la misión humanitaria hacia Palestina.

Frente al sufrimiento del pueblo palestino, la solidaridad internacional no puede ser criminalizada.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Patria

 Maximiliano Basilio Cladakis 


La patria no es una entidad metafísica ni una abstracción vacía. La patria somos nosotros; es el pueblo organizado en una comunidad política. Hacer patria es hacer comunidad, instituir lo político, construir un proyecto común capaz de articular una voluntad colectiva. Por eso, la patria no se identifica ni con la tierra ni con las clases dominantes . Como afirma Eva Perón en Mi mensaje, “la patria es el pueblo”.

En este sentido, la patria remite a aquello que Antonio Gramsci denominaba lo nacional-popular; es decir, la articulación histórica de las clases subalternas en una voluntad común. La nación no aparece entonces como un dato natural ni como una esencia eterna, sino como una tarea política. La patria es historia hecha y, al mismo tiempo, historia por hacer.

De ahí que toda revolución auténtica deba ser reasumida, continuada y profundizada. La patria nace con la irrupción revolucionaria de 1810 y permanece abierta como proyecto inconcluso. La revolución no constituye un momento clausurado del pasado, sino la reapertura permanente de la comunidad frente a las fuerzas que buscan su subordinación. El antagonismo entre patria y colonia no es accidental; revela el sentido mismo de ambos términos. La colonia designa la disolución de la capacidad colectiva de autodeterminación bajo fuerzas externas —económicas, culturales o políticas—; mientras que la patria nombra el movimiento contrario: la producción de una voluntad común capaz de decidir sobre sí misma.

En este punto, la dimensión política de la patria se enlaza con una dimensión ética. Cuando Cristina Fernández de Kirchner afirma que “la patria es el otro”, introduce una comprensión decisiva. La comunidad no se funda, pues, en una sustancia previa, sino en la responsabilidad frente al otro que nos interpela en su necesidad. Ese otro nos exige y, a través de nuestras decisiones , determina quiénes somos. La patria aparece así como un acontecimiento intersubjetivo e histórico.

La parábola del buen samaritano permite pensar esta dimensión con claridad. El prójimo no es simplemente aquel que pertenece previamente a nuestra comunidad; es aquel ante quien decidimos responder. Hacer patria consiste entonces en hacernos prójimos unos de otros, reconfigurando el espacio común a partir de una responsabilidad compartida. La patria no es una esencia. Es una práctica política y ética de construcción comunitaria.

Hoy las fuerzas devastadores del colonialismo despliegan su poderío en pos de la disolución de la Patria. La fragmentación social, la subordinación económica y el individualismo intentan destruir los vínculos comunitarios necesarios para la existencia de un pueblo. Hacer patria implica entonces reconstruir esos lazos, reinscribir la vida común allí donde el capitalismo contemporáneo produce aislamiento y desintegración.

A pocos días de la conmemoración del 25 de mayo, aconteció la inmensa movilización en defensa de la Universidad Pública. La ciudanía se manifestó en un horizonte común, en la defensa de uno de los grandes pilares de la Argentina, se tejieron lazos solidarios donde cada uno se encontraba con el otro participando en una misma historia, manifestándose en la búsqueda del bien común. En esas plazas colmadas, se vislumbró la Patria, se hizo presente, se reveló frente a los oscuros poderes que anhelan su aniquilación.





miércoles, 22 de abril de 2026

La matriz del abismo

 Edgardo Pablo Bergna


Maximiliano Basilio Cladakis


La Argentina se descompone. El mundo también. El abismo se extiende y devora la vida de millones. Pero no se trata de entidades cósmicas al estilo de las historias de H. P. Lovecraft. No son fuerzas externas, innombrables, las que aniquilan la humanidad día a día. Son, por el contrario, fuerzas profundamente humanas: el capitalismo, el imperialismo, los intereses de clase. La deshumanización no proviene de lo ajeno, sino de lo interno.

Estas fuerzas no operan de manera caótica o dispersa. Se articulan en una visión del mundo que encuentra su realización política: el liberalismo. Lejos de ser simplemente una doctrina económica o un conjunto de principios institucionales, el liberalismo constituye una concepción integral de la realidad social, que organiza prácticas, valores y formas de subjetividad.

En este sentido, la caracterización que realiza Byung-Chul Han del neoliberalismo como un régimen totalitario —capaz de atravesar y modelar todas las dimensiones de la existencia— no debería limitarse a su fase más reciente. Por el contrario, permite pensar una continuidad más profunda. Frente a ciertas lecturas ingenuas que oponen liberalismo y neoliberalismo como si se tratara de paradigmas incompatibles, resulta más fértil analizarlos en términos de desarrollo histórico como momentos diferenciados, pero articulados, de un mismo horizonte de sentido.

Desde esta perspectiva, liberalismo, neoliberalismo y libertarianismo no son rupturas, sino modulaciones. Expresan variaciones internas de una misma matriz conceptual, cuyo núcleo permanece relativamente estable.

Ese núcleo puede ser identificado en algunos principios fundamentales. El individualismo como punto de partida ontológico y normativo; la centralidad de la propiedad privada como fundamento de las relaciones sociales; la noción de libertad entendida de manera abstracta, desligada de las condiciones materiales de su realización; y la primacía de la sociedad civil como espacio privilegiado de organización de la vida social.

Ahora bien, hablar de “sociedad civil” exige una precisión conceptual. Desde una perspectiva hegeliana —en el sentido desarrollado por Georg Wilhelm Friedrich Hegel— la sociedad civil no es simplemente el ámbito de la libre interacción entre individuos, sino el espacio de mediación donde se despliegan los intereses particulares, atravesados por relaciones de dependencia, conflicto y desigualdad. Es, en definitiva, el terreno donde la universalidad solo aparece de forma fragmentaria, subordinada a la lógica de lo privado.

Frente a este proyecto de mundo —que absolutiza lo individual, fragmenta lo social y naturaliza la desigualdad— se vuelve necesario oponer otro horizonte. No como mera negación abstracta, sino como construcción histórica concreta. Nos referimos al socialismo nacional-popular.

Un proyecto que, en lugar de partir del individuo aislado, se funde en el pueblo como sujeto histórico; que no conciba la libertad como abstracción formal, sino como realización material; que no reduzca la sociedad a la suma de intereses privados, sino que afirme la primacía de lo común; y que, frente a la subordinación periférica, plantea la necesidad de una emancipación que sea al mismo tiempo social y nacional.



Juegos

 Maximiliano Basilio Cladakis  Su reino era ese barrio. Allí había pasado gran parte de su vida y allí también había muerto. Había justicia ...