miércoles, 22 de abril de 2026

La matriz del abismo

 Edgardo Pablo Bergna


Maximiliano Basilio Cladakis


La Argentina se descompone. El mundo también. El abismo se extiende y devora la vida de millones. Pero no se trata de entidades cósmicas al estilo de las historias de H. P. Lovecraft. No son fuerzas externas, innombrables, las que aniquilan la humanidad día a día. Son, por el contrario, fuerzas profundamente humanas: el capitalismo, el imperialismo, los intereses de clase. La deshumanización no proviene de lo ajeno, sino de lo interno.

Estas fuerzas no operan de manera caótica o dispersa. Se articulan en una visión del mundo que encuentra su realización política: el liberalismo. Lejos de ser simplemente una doctrina económica o un conjunto de principios institucionales, el liberalismo constituye una concepción integral de la realidad social, que organiza prácticas, valores y formas de subjetividad.

En este sentido, la caracterización que realiza Byung-Chul Han del neoliberalismo como un régimen totalitario —capaz de atravesar y modelar todas las dimensiones de la existencia— no debería limitarse a su fase más reciente. Por el contrario, permite pensar una continuidad más profunda. Frente a ciertas lecturas ingenuas que oponen liberalismo y neoliberalismo como si se tratara de paradigmas incompatibles, resulta más fértil analizarlos en términos de desarrollo histórico como momentos diferenciados, pero articulados, de un mismo horizonte de sentido.

Desde esta perspectiva, liberalismo, neoliberalismo y libertarianismo no son rupturas, sino modulaciones. Expresan variaciones internas de una misma matriz conceptual, cuyo núcleo permanece relativamente estable.

Ese núcleo puede ser identificado en algunos principios fundamentales. El individualismo como punto de partida ontológico y normativo; la centralidad de la propiedad privada como fundamento de las relaciones sociales; la noción de libertad entendida de manera abstracta, desligada de las condiciones materiales de su realización; y la primacía de la sociedad civil como espacio privilegiado de organización de la vida social.

Ahora bien, hablar de “sociedad civil” exige una precisión conceptual. Desde una perspectiva hegeliana —en el sentido desarrollado por Georg Wilhelm Friedrich Hegel— la sociedad civil no es simplemente el ámbito de la libre interacción entre individuos, sino el espacio de mediación donde se despliegan los intereses particulares, atravesados por relaciones de dependencia, conflicto y desigualdad. Es, en definitiva, el terreno donde la universalidad solo aparece de forma fragmentaria, subordinada a la lógica de lo privado.

Frente a este proyecto de mundo —que absolutiza lo individual, fragmenta lo social y naturaliza la desigualdad— se vuelve necesario oponer otro horizonte. No como mera negación abstracta, sino como construcción histórica concreta. Nos referimos al socialismo nacional-popular.

Un proyecto que, en lugar de partir del individuo aislado, se funde en el pueblo como sujeto histórico; que no conciba la libertad como abstracción formal, sino como realización material; que no reduzca la sociedad a la suma de intereses privados, sino que afirme la primacía de lo común; y que, frente a la subordinación periférica, plantea la necesidad de una emancipación que sea al mismo tiempo social y nacional.



2 comentarios:

  1. Impecable, como nos tienen (mal)acostumbrados. Qué bien se siente tenerlos de este lado

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  2. Querido compa, Peruca, Claudio, Gracias a vos, tenés razòn, lo bien que se siente compartirnos en este lado de la vida y de la militancia. Nos vemos pronto. Abrazo

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