En Vísperas del Sentido

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sábado, 10 de octubre de 2026

Marx, Sobre el suicidio: una tragedia que sigue hablando del presente

 


"Tragedia y farsa" EP3 del podcast "En vísperas del Sentido" Se escucha en Spotify

Edgardo Pablo Bergna

Marx, Sobre el suicidio: una tragedia que sigue hablando del presente

     En Sobre el suicidio, Karl Marx se ocupa de un fenómeno que, a primera vista, podría parecer estrictamente individual. Sin embargo, su mirada va en otra dirección: intenta comprender qué condiciones sociales, familiares, económicas y culturales pueden llevar a una persona a una situación extrema de sufrimiento, aislamiento o desesperación.

     A partir de los casos recopilados por Jacques Peuchet, Marx no se limita a describir tragedias personales. Busca aquello que las atraviesa: relaciones de poder, dependencia, humillación, desigualdad, soledad y formas de dominación que penetran incluso en los espacios más íntimos de la existencia.

     Marx escribió que los grandes acontecimientos históricos pueden aparecer primero como tragedia y repetirse luego como farsa. Pero la historia es un proceso, un devenir, no un hecho aislado. Y, como señala Sartre, el marxismo mantiene su vigencia porque las condiciones que dieron origen a su pensamiento siguen vigentes.

     En la Argentina actual, esa vigencia nos obliga a mirar de frente las condiciones sociales en las que crecen nuestros jóvenes: la incertidumbre, la precariedad de la vida cotidiana y la dificultad de imaginar un futuro. Porque el suicidio no puede reducirse a un hecho individual, aislado de las condiciones materiales, los vínculos sociales y los horizontes de sentido en los que transcurre una vida.

     Quizás la actualidad de Sobre el suicidio consista precisamente en eso: Marx nos obliga a volver a mirar la tragedia antes de convertirla en estadística o en un diagnóstico individual. Nos induce a interrogarnos por las condiciones de existencia de una sociedad y por su responsabilidad frente al sufrimiento de quienes la integran.

     Desde nuestra perspectiva, esta pregunta también nos enfrenta a la existencia de distintos ámbitos de sentido: formas de comprender el mundo, la vida en común y aquello que consideramos justo. No todos partimos del mismo horizonte ni atribuimos el mismo valor a la responsabilidad colectiva.

     Para nosotros, la Justicia Social no es una consigna abstracta ni una simple distribución de recursos. Es un principio que compromete a la sociedad con las condiciones materiales y simbólicas necesarias para que cada persona pueda desarrollar su vida con dignidad.

     Por eso, la justicia no puede reducirse a la justicia conmutativa del intercambio entre individuos formalmente iguales. Hay bienes cuya importancia excede el intercambio individual: el acceso a la educación, la salud, el trabajo digno, la integración comunitaria y la posibilidad concreta de proyectarse en comunidad. No son cuestiones secundarias. Constituyen parte de las condiciones que sostienen la vida y hacen posible una sociedad.

     Esto no significa explicar el suicidio mediante una causa única, ni desconocer la complejidad del sufrimiento psíquico. Significa comprender que la atención individual, indispensable, no exime a la sociedad de interrogarse por sus propias condiciones de existencia.

Y tal vez haya una pregunta que, como sociedad, no podamos seguir evitando:

     ¿Qué clase de sociedad seguimos construyendo cuando tantos jóvenes encuentran dificultades para imaginarse allí donde deberían existir horizontes de vida?

     Esa pregunta no pertenece solamente al siglo XIX. Es una pregunta de la Argentina de hoy. Y también una pregunta sobre el sentido: ¿qué ámbito de sentido estamos construyendo cuando la incertidumbre se vuelve experiencia cotidiana y el porvenir parece perder su lugar en el horizonte colectivo?

     Desde Caos y Tiempo y En Vísperas del Sentido, sostenemos que pensar estas cuestiones es también asumir una responsabilidad colectiva. Porque la Justicia Social no consiste solamente en reparar las desigualdades existentes: consiste, también, en evitar que las mismas condiciones se sigan produciendo.

     La tragedia persiste cuando las condiciones que producen sufrimiento permanecen. La farsa, en cambio, se consuma cuando una sociedad aplaude, aturdida, a quienes conducen el Estado y hacen de la política una puesta en escena farsesca. Y, en la Argentina, a nuestro entender, el gobierno de Milei constituye la expresión más acabada de esa farsa.

Pensar el sentido es, también, defender las condiciones que hacen posible la vida.

 

 

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